El instinto. La parte emocional de tu vida

It is betterto travel wellthan to arrive.

 

Cuando crucé el mundo para visitar a Diego no sabía ni cual era su apellido. No tenía ni su número de teléfono, pero ahí estaba yo, con la dirección que me había dado apuntada en un papel y subida en un taxi cuyo conductor parecía conocer la ciudad peor que yo.

¿Estamos en el camino correcto, señorita? – Me preguntaba el hombre.

¡Vaya usted a saber! ¿Estoy en el país correcto? Pensaba yo para mí… Pero sonreía, porque siempre hay que sonreír.

La culpa de todo la tuvo mi instinto, pues como en todo lo que hacemos en la vida, la culpa siempre es del instinto. Yo tenía 15 días de vacaciones en mi trabajo de oficina y Diego, un chico que contestó a una pregunta que se me ocurrió hacer un día en un grupo genérico de Facebook, me había propuesto que fuera a visitarle a México, donde se encontraba estudiando unos meses.

Para entonces, podíamos contar con las dedos de una mano las veces que nos habíamos visto para tomar café, habíamos salido una noche de fiesta y para de contar. Así que mi primera reacción cuando me propuso que fuera a verle a México fue que me pareció una LOCURA, así, en mayúsculas.

Pero así es como funciona la magia de la vida; aquello que nuestro cerebro desconoce le parece peligroso, imposible, de locos. Le da miedo. Pero créeme cuando te digo que todo eso dura solo hasta el momento en el que lo haces. Y después… ya está.

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Una mañana te despiertas al otro lado del mundo al lado de un tipo magnífico con un cuerpazo con el que bien podría ser modelo de calzoncillos, el sol brilla sobre las calles de Cholula y todo parece fácil.

Así es como funciona la magia de la vida; aquello que nuestro cerebro desconoce le parece peligroso, imposible, de locos. Le da miedo.

Porque las cosas se hacen haciéndolas y dando un pasito tras otro al final se recorre el camino. Todos los caminos. ¡¡Te lo digo yo, que en este caso recorrí 9.000km!!

El instinto. La parte emocional de tu vida.

En la vida, todo aquello que hagas se dividirá siempre en dos partes: la emocional y la práctica, pero para que lo que sea funcione, debe existir un saludable equilibrio entre ambas.

La parte emocional es la soñadora, la que te emociona, la que te hace desear algo tan fuerte que se te acelera el corazón solo de pensarlo. Es la parte que hace que te pongas idiota perdido cuando te enamoras y es la culpable de eso de que el amor es ciego.

De la parte racional hablábamos aquí.

Tu parte emocional funcionará como un mapa, será la brújula que te indicará hacia dónde ir.

Pero ¡si a mí me apetece una cosa distinta cada cinco minutos! Sí, bueno, y a mí hay ratos que me apetece todo. Entonces, ¿cómo hacemos?

Cómo descifrar nuestro instinto.

En ocasiones averiguar lo que en realidad nos marca nuestro instinto puede parecer un trabajo de locos. ¡Brujería! Pero hay un par de cosas que pueden ayudarte a ello.

  • Aprende a escucharte. Por muy utópico que pueda sonar es cierto eso de que todos tenemos una vocecita dentro que sabe lo que de verdad queremos, pero también es cierto que en ocasiones no resulta nada fácil escucharla.

Es como… si estás hablando por teléfono mientras utilizas la batidora y cerca de ti alguien está pasando la aspiradora. Y entonces tu madre te dice que le digas algo a la persona con la que estás hablando. Y obviamente, no la oyes.

Pues es lo mismo.

Por eso lo primero es eliminar el ruido, es decir, sacar de nuestra cabeza todo aquello que, como la batidora y la aspiradora, no nos deje escuchar lo importante. Pues muchas de las cosas que creemos que queremos están condicionadas por ese ruido, esos factores externos que nos hacen dar tumbos cual pollo descabezado: ahora me gusta esto, mañana lo otro y… al final, la casa sin barrer.

Hay distintas técnicas para conseguir eliminar ese ruido; hay a quien le funciona meditar, hay quienes prefieren escribir, algunas personas prefieren hablar, etc. Lo importante es encontrar la que a ti te vaya bien. Y ponerla en práctica.

A mí me funciona meditar en silencio y escribir. Pero eso va a gusto del consumidor…

 

  • Pon atención a la repetición. ¿Hay una idea que no te puedes sacar de la cabeza? No te hablo de esa cancioncilla pegadiza que vuelve a la carga y te sorprendes tarareando una vez más cuando estás distraído y pensabas que ya te habías librado de ella, sino de esa idea recurrente en la que llevas tiempo pensando y que hagas lo que hagas vuelve a aparecer

En mi caso, recuerdo tener la idea de pisar Australia en la cabeza desde hace por lo menos… diez años. Probablemente, después de la que tuve con mi almohada, a día de hoy sea mi relación más larga.

Me atacaba en la playa, cuando estaba leyendo, haciendo deporte, me pillaba desprevenida en la ducha…. literalmente me despertaba en medio de la noche pensando “tengo que ir a Australia”. Y desde aquí es desde donde hoy te escribo, desde la gran isla de los canguros.

¿Y tú? ¿Tienes alguna idea que no te deje ni a sol ni a sombra?

Pues en ese caso, ¡enhorabuena!

Si tienes una idea recurrente que no puedas sacarte de la cabeza, probablemente ya hayas dado con lo que quieres, ya tienes el rumbo.

Vale, ¿y luego? Pues luego tienes que buscar la forma de llegar hasta él. Imagina el camino para trazarlo y empezar a recorrerlo.

Durante tu recorrido, la parte práctica te ayudará a materializar tus objetivos, pero será tu parte emocional la que te irá marcando el rumbo.

 

Te dejo un par de esenciales para el camino:

No te olvides de revisar tus coordenadas. Es posible que el rumbo cambie a medida que avanzas camino. No te preocupes, es algo normal. La clave está en ser capaz de adaptarse a los cambios, sé flexible y no hagas un mundo de cosas que no tienen importancia. Te aseguro que así llegarás a tu objetivo.

No decaigas. Ya dice el refrán que las prisas no son buenas consejeras y, a menos que seas Usain Bolt, que lo dudo porque no creo que sepa leer en español, no tienes que marcar ningún reto de velocidad. En lugar de eso es importante buscar la motivación para que las distracciones del camino no te eviten conseguir tu objetivo.

Que sí, por supuesto está permitido pararse a tomar una caña, a darse un respiro o a atarse los cordones, especialmente después de uno haberse caído, pero lo que no se puede es renunciar.

Dado que tú vas a ser el único que esté contigo todo el tiempo, resulta de vital importancia tener a tu vocecita interior de tu lado, pues ella será la encargada de darte ánimo, comprensión y mimo cuando más lo necesites.

Y recuerda;

Hasta que no des el primer paso, no verás el siguiente. Así es la vida, es como funciona la magia…


Como no podía ser de otra forma, mi viaje a México fue toda una experiencia y a día de hoy tengo la suerte de contar con un gran amigo para el que el mundo nunca será lo suficientemente grande como para no ir a visitarle.

Y es que la dirección que marca nuestro instinto es siempre la correcta y seguirla tiene, como consecuencia, recompensas tan bonitas como ésta.