Soledad. El sentimiento, no mi tía la del pueblo

G e o r g e A d d a i r

Si te quedaras sin oxígeno en pleno mar abierto, a 30 metros de la superficie y entraras en pánico, lo primero que te diría tu compañero (porque siempre se bucea en parejas) sería: ¡PARA!

No es que me haya pasado nunca, pero es lo básico que te enseñan cuando aprendes a bucear; En una situación de emergencia, lo primero que necesitas antes de hacer absolutamente nada más es parar de pensar. Tomar aire (en este caso del regulador alternativo de tu compañero) y reeeespiraaaar.

Pues en la vida, lo mismo.

Cuando decides irte a vivir a otro país y cambiar de entorno, cultura, paisaje, etc. Es normal que sientas como si  te hubieran cogido por los tobillos, puesto boca abajo y zarandeado con fuerza. Y encima se te han caído las pocas monedillas que llevabas en los bolsillos. De ahí que a veces duela el estomago…

Pero las buenas noticias son que no estás en medio del océano, sin aire y sumergido a muchos metros de profundidad, sino que eres una persona normal que está siendo presa de la Soledad. El sentimiento, no mi tía la del pueblo.

Vamos a ver qué podemos hacer con ello, pero antes de seguir leyendo; ¡¡PARA!! Y reeeeespiraaaa, que tienes toda la atmósfera entera pa’ ti.

Como seres sociales que somos, los humanos precisamos de un entorno de otros humanos que nos hagan sentir seguros, protegidos, parte de un grupo. Y cuando eso nos falta es normal sentirse indefenso y desprotegido, al fin y al cabo, eso es ir contra natura. Pero las good news son que en el caso del Expat, esa sensación de aislamiento es temporal y tiene solución si uno sabe qué hacer. Al fin y al cabo no debemos olvidar que lo conocido, nuestra zona de confort, nos resulta familiar y por mejor o peor que estemos, prevalece eso de “más vale pájaro en mano…”.

Cuando nos falta un entorno de otros humanos que nos haga sentir seguros, protegidos y parte de un grupo es normal sentirnos indefensos y desprotegidos.

Y entonces, ¿Qué es eso que podemos hacer? Pues lo primero, como ya hemos dicho, es parar de pensar y reeeeespiraaaar. Acto seguido, ¡¡suelta al pájaro que tienes en la mano!! Que el pobre bicho no tiene culpa de nada.

Tal y como te comentaba en mi libro (¿qué? ¿Todavía no lo has leído? Pues consíguelo gratis ahora mismo haciendo click aquí), es natural que a lo largo de nuestra vida se nos presenten miedos constantemente y que esa vocecita del interior de nuestra cabeza intente frenarnos cada vez que damos un paso demasiado grande para su gusto.

Y al principio lo normal es que a nuestra vocecita la mayoría de los pasos le resulten demasiado grandes.

¿Y entonces? Pues entonces, como en la mayoría de ocasiones, la prevención es el mejor remedio y en este caso, lo ideal es haber trabajado codo a codo con nuestra mente y entrenarla para que esté de nuestra parte en cuanto nos asalten los miedos. ¿Te gustaría saber cómo? Pues estáte atento porque muy prontito estará disponible el curso sobre Cómo entrenar a tu mente para vencer todos tus miedos.

Sí, vale, pero ¡¡es ahora cuando me falta el aire!! Pues sigue leyendo, que te cuento…


CÓMO HACER FRENTE A LA SOLEDAD, PASO A PASO.

  1. Tómate una pausa.

Muchas veces el sentimiento de tristeza absoluta tiene un enorme componente de agotamiento. Si eres como yo, por ejemplo, lo quieres todo  y ¡YA! lo que acostumbra a llevarte a abarcar más de lo que puedes gestionar.

Es como.. cuando comes un poquito de aquello porque está bueno, más un poquito de esto otro porque hace mucho que no lo pruebo, y le sumas un platito de lo de más allá porque lo ha cocinado Pedro y hay que probarlo y un mordisco del trocito que ha quedado porque con lo poco que es, no vamos a guardarlo, pero qué lástima tirarlo… Y al final… pues pasa lo que tiene que pasar; que acabas con el tamaño de un trasatlántico, en una esquina del sofá dormitando mientras en tu estómago se sucede reacciones nucleares varias.

Pues cuando intentas hacer cien cosas a la vez, hay un momento en el que no solo tu cuerpo, sino tu mente, te dicen ¡pa-ra ya! ¡Que no eres la Barbie multi-tasking! y se te funden los plomos.

¡¡PA-RA YA, QUE No eres la barbie multi-tasking!!

No pasa nada. Cálmate y tómate un tiempo para analizar tus sensaciones. ¿Puede ser eso? ¿lo que te pasa es que estás agotado hasta no dar a más? Para contestar a esa pregunta, vas a necesitar tomarte una pausa, escuchar qué es lo que te dice tu cuerpo.

En mi caso, me funciona escoger un rato, en ocasiones hasta un día entero y tomármelo libre. Sí, sí, me doy vacaciones durante 24 horas ¡y no sabes lo bien que me sienta!

Durante ese tiempo no enciendo el ordenador ni el teléfono y aparco todos mis asuntos de estado. ¡Vamos! me digo, ¡es solo un día! Seguro que no hay nada tan urgente que no pueda esperar… Y si se acaba el mundo ahí fuera, como diría Estopa, “me la pela”…

2) Compártelo; no estás solo.

Como decíamos antes, el hombre es un ser social lo que hace que para nosotros sea imprescindible contar con un entorno que nos aporte seguridad y sentimiento de pertenencia a un grupo. Pues el sentirse identificado tiene mucho que ver con eso.

Cuando te sientas triste, compártelo con aquellas personas con las que tienes confianza. Por muy lejos que estén, te garantizo que les sentirás muy cerca y te sorprenderá ver que te comprenden mucho mejor de lo que te crees, pues no olvides que cuando queremos a alguien, siempre intentamos comprenderle y apoyarle. ¿O acaso no sería lo que harías tú?

3) Húndete sólo un poquito; lo justo y necesario, ni un poquito más.

Mis amigas Debo y Aida bautizaron los momentos de soledad como momentos de fondeo, pues según decían, el sentimiento es como el de hundirse en lo más profundo del océano y sentir que no sales a flote. ¿Te suena?

Pues todo el que ha buceado alguna vez podrá decirte que a 30 metros de la superficie, hay un mundo maravilloso que no tiene nada que ver con el que estamos acostumbrados, pero al que se puede bajar a ratitos y de visita. Pues con los momentos de soledad, lo mismo.

A 30 metros de la superficie, hay un mundo maravilloso que no tiene nada que ver con el que estamos acostumbrados

Cuando uno siente que está bajo mínimos, es necesario identificarlo, saber qué está pasando y tener claro que es algo temporal. Aprovecha para mimarte, ¡claro que sí! Permítete por un ratito todo lo que quieras y sé para ti todo aquello que quisieras que fueran los demás. ¿Que te apetece algo dulce? ¡Pues atraca el camión de los helados! ¿Que te apetece sofá y mantita? ¡Pues a gastar Netflix enterito!

En los momentos de soledad no hay cabida para la culpa ni los malos sentimientos

No hay sensación como la de ser comprensivo con uno mismo y mimarse. Detente por un segundo y piensa ¿cómo te gustaría que fueran contigo? ¿Cómo serías tú con alguien en tu situación? Pues sé así contigo. ¿Así de simple? Sí. Exactamente así de sencillo.

¿Tienes algún motivo para no serlo?

4) Repítete como el ajo.

En nuestros momentos de soledad, que es cuando estamos más sensibles que nunca, nuestra vocecita lo sabe y ataca cuestionándonos absolutamente todo lo que hacemos, las decisiones que hemos tomado, lo planes en los que estamos trabajando y, si me apuras, hasta el color de nuestra camiseta. ¡Vaya por Dios! ¡Menuda pesadilla!

Pues sí, puede llegar a serlo. Por eso, es importante acordarse de apagar también esa vocecilla junto al ordenador y al teléfono cuando decidas tomarte tu día libre.

Sí, pero ¡es que no puedo! ¡No hay forma! ¡No se calla!

Recordar tus motivos te ayudará a seguir.png

En ese caso, y ya termino, te dejo dándote un consejo que estoy segura de que te será de gran ayuda la próxima vez que te pasees por las profundidades; escribe tus motivos. Define tus razones y ponlas en palabras. Escríbelo todo cuando estés animado y te sientas con energía como para parar un tren, para así poder leerlo y recordarlo cuando sientas que te has quedado sin aire, en medio del océano y a 30 metros de profundidad.

Es más, si puedes, conviene incluso que te grabes, pues así al escuchar la grabación recordarás lo bien que te sentías en el momento de grabarte y revivirás esa sensación.

¿No me crees? Haz la prueba y me cuentas…