Mi economía personal; ¡el pastel al descubierto!

Durante el corto periodo en el que probé suerte en los escenarios haciendo monólogos, aprendí varias lecciones que resultaron no tener precio años después. Estudiando comedia, uno aprende de cosas tan fascinantes como es el funcionamiento del cerebro humano, el poder de la expectativa, la sorpresa o la magia de jugar con la creación de ideas.

En todo eso y en muchísimo más se basa el arte de provocar carcajadas, pero algo que me llamó poderosamente la atención de entre todo el contenido de los manuales teóricos que cayeron en mis pequeñas manitas, fue el hecho de que nuestro cerebro mide la credibilidad de algo dependiendo de si la persona que nos lo cuenta lo ha vivido o no.

¿Cómo te quedas?

Vamos, que no solo las madres tienen superpoderes para detectar una mentira a kilómetros de distancia, sino que a todos nos llega mucho mejor una batallita si la persona que la cuenta la ha vivido de verdad.

Nuestro cerebro mide la credibilidad de lo que alguien está contando dependiendo de si la persona que nos lo dice lo ha vivido o no

Sí, vale, muy bonito, pero ¿y el pastel? Ya va, ya va…

Te contaba lo del cerebro porque partiendo de este dato de la comedia, siempre me aseguro de que todo aquello que cuento sean cosas que he vivido en mis carnes, porque es muy chachi compartir aventuras fantásticas y estupendas, pero es aún mejor cuando encima son verdad.

Y te contaba todo esto, porque la semana pasada hablábamos de economagia y hoy quiero enseñarte que la economagia funciona de verdad. Y para ello te traigo un ejemplo, mi experiencia.

Economagia en el extranjero o cómo hacer malabarismos con el dinero

Cuando uno no tiene trabajo ni ninguna otra fuente de ingresos es, más que nunca, cuando debe echar mano de la varita mágica y asegurarse de que le sale bien el hechizo. Porque de lo contrario, te comes el pastel de golpe y luego… te de una indigestión de caballo. Y eso no es lo peor, lo peor es que después ya no te queda nada más que comer.

Y si encima estás en un país desconocido en el que tus recursos son limitados, tus conocidos están lejos y no te vas a poner a robar un banco porque la última vez que te pusiste las medias en la cabeza te apretaban… te puedes imaginar.

En mi caso, estoy casi segura de que las medias me apretaban porque no eran de mi talla, así que en lugar de volver a probar la opción del robo, me senté con un lápiz y un papel (porque se puede pensar de pie, pero no es tán cómodo) y empecé a dibujar mi pastel. Es cierto que para entonces ya tenía un trabajillo, pero nada del otro mundo…

A fin de poder tenerlo todo controlado, me dediqué a llevar un riguroso control de todo gasto que hacía, por pequeño que fuera. Pero por ejemplo, un café no, ¿no? Un café también. Por aquel entonces hasta respiraba flojito con tal de no gastar y lo apuntaba absolutamente to-do. Así, un mes de gastos tenía exactamente la siguiente pinta:

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Lo de poner colorcitos no era solo porque quedara divino y echupendo, que también, sino porque cada color correspondía a un apartado, ya sabes, a un trozo del pastel. Y así, una vez sabía qué tan grande era cada trozo, podía empezar a organizar qué hacía con ellos.

 

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¡¡Pues vaaaaaaaya un rollazo!! Jajaja, ¡pues sí! Pero si quieres ver cambios en tu vida tienes que estar dispuesto a sentirte incómodo. Y recuerda que es una situación temporal, te lo digo yo mientras entierro los pies en la arena de la playa…

Bueno, vale, ¿y ahora?

Si quieres ver cambios en tu vida tienes que estar dispuesto a sentirte incómodo.

 

Pues una vez contemos con los datos reales de nuestra situación, es el momento de analizarlos; ver en qué me estoy gastando el dinero de mi jubilación para poder definir en qué me lo quiero estar gastando, o cuánto quiero ahorrar, averiguar en qué estoy despilfarrando o, empezar a pensar eso de… madre mía, qué mal estoy. ¿A qué país dices que puedo irme?…

*Nota importante: No hay que ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que, si los gastos superan a los ingresos, hay algo que no funciona… Eso significa, básicamente, que me estoy comiendo el pastel de otro y eso, puede traernos problemas.

¿Qué hacer en ese caso?

Tranquilo que en la vida todo tiene solución menos la muerte y mi pelo por las mañanas. En caso de que te estés comiendo el pastel de alguien más (puede que estés gastándote los ahorros sin darte cuenta o que le estés haciendo uso de dinero prestado o… vete tú a saber), lo primero es darte cuenta.

 

Lo segundo es seguir los pasos para elaborar un presupuesto que se ajuste a tu situación y a tus necesidades (¿no sabes cómo? Te lo explico aquí) y lo tercero sería ver de dónde ha estado saliendo ese dinero extra porque… quizás vas a tener que devolverlo… ¿no?