La fórmula para cambiar tu vida; aprender a andar a los veinti, treinta o cuarenta y tantos

Correr ante un dinosaurio tiene que dar miedo, pero la primera vez que te compras un billete solo de ida, da más. El día que partí hacia Amsterdam fue sin duda el día que más miedo he pasado en toda mi vida; me subí en un avión y dejé atrás amigos, familia y un entorno conocido como el que se deja una bufanda olvidada en el metro. Pero más bien yo sentía que la bufanda se me hubiera anudado al cuello; me faltaba el aire, los pantalones me apretaban y las ganas de vomitar no me dejaron en paz hasta el día siguiente. Y lloré, lloré con una pena… como si se me hubieran muerto tres canarios.

Con semejantes pintas, pantalones verdes y dos maletas aterricé en Amsterdam. Para el momento debía haber encogido como 15 centímetros, pues del 70 por ciento de agua que tenemos en el cuerpo, yo ya había llorado la mayor parte. Y sin dejar de grabar y alucinar con cada rincón del aeropuerto de Schiphol, puse rumbo al hostal en el que había reservado una habitación para mi primera semana en el país, mi primera semana como Expat.

Al principio de vivir en otro país grabas, fotografías o comentas cada paso que das y hasta respirar se convierte en algo digno de mención. ¡Y mira que llevas años haciéndolo! Pero a otro ritmo, en otro lugar, en otra vida…

¡No podía ser!; con las prisas y los nervios juro que se me había escapado, por increíble que parezca, el pequeño detalle de que en Holanda se habla holandés, un idioma que es una mezcla entre estar muy muy cabreado e invocar al diablo. Pues sí que estábamos bien…

Si en aquel momento alguien me hubiera dicho que terminaría por familiarizarme y cogerle cariño a aquella combinación extraña de sonidos, ahora habría sido yo la que pensaría que se había fumado alguna hierba en mal estado. Por cierto… la hierba ¿caduca como los yogures?

Sé que todo esto suena a película de terror. No me extrañaría que estés pensando “pero bueno, si leyendo esto crees que vas a animarme a irme a ningún sitio estás apañada. Visto lo visto no me voy ni a la esquina de mi casa” y no te culpo, pero es que los inicios nunca son fáciles y éste era el principio de una vida nueva para mí.

Pero tranquilo, que por aquel entonces yo tampoco lo sabía, pero la cosa se ponía mejor. Sigue leyendo, que te cuento.

Lo que pasa es que, aunque algunos se esfuercen en disimularlo, todos tenemos un cerebro y éste, que funciona de manera racional, no puede concebir una realidad que todavía no conoce. Es incapaz de dar un paso antes de ver el siguiente. Pero la magia de la vida funciona precisamente de la forma contraria; el siguiente paso no aparece hasta que uno empieza a andar. Bueno, ¿y entonces? ¡Estamos jodidos! Jajaja, para nada, entonces hay que trabajar para conseguir el tercer factor de la ecuación, algo que te empuje a dar ese primer paso; la valentía.

Y eso ¿dónde se compra? ¿Puedo encargarla online? ¿Tiene gastos de envío?

Pues… eso se consigue con tiempo, paciencia y trabajo. O, como en mi caso, con un poquito de desesperación. Pero una vez consigues ese empujoncito para dar el salto, ¡enhorabuena! Has iniciado un camino imparable.

La fórmula para cambiar tu vida

Y entonces, la fórmula para cambiar de vida sería algo así:

Cerebro + Valentía = Movimiento → Cambio = ¡MAGIA!

Es probable que llegados a este punto estés pensando “oye, y ¿no crees que te estás olvidando de algo muy importante? ¡Por supuesto! El corazón es algo importante, de hecho es lo más importante, pero con tu permiso, me pondré más profunda un poco más adelante… Empecemos con lo básico.

Entonces, podríamos decir que lo que denominaremos El proceso del cambio consta de la siguiente estructura:

  • Tienes una idea
  • Reúnes la valentía necesaria para dar el primer paso y  generas
  • movimiento, lo que activa el
  • cambio y crea la magia.

¡Enhorabuena! Ya cuentas con la fórmula secreta para cambiar tu vida.

solo con tener el mapa no se llega a ningún destino, pero es un buen comienzo.

Claro, así de fácil… ¿no?

No, fácil no, sencillo.

Por supuesto, con saber esto no es suficiente, pues solo con tener el mapa no se llega a ningún destino, pero es un buen comienzo.

Desenvolverse en un entorno nuevo, ya sea laboral, geográfico, personal o cultural, siempre resulta algo complejo, pero como todo lo que merece la pena en la vida, hacerlo con éxito exige que uno esté dispuesto a luchar por ello, no decaer y a dejarse sorprender.

Es cierto que es como aprender a andar de nuevo, pero piensa que tienes veinti, treinta o cuarenta y tantos años más por lo que cuentas con mucho más calzado, habilidades y experiencias.

En mi caso, el primer reto en el país de los tulipanes era encontrar una fuente de ingresos, pues tras comprar el billete de avión (82€) y reservar la semana de alojamiento en el hostal en el que aterricé (175€), todo mi patrimonio ascendía a 700€ y eso me indicaba que no tenía tiempo que perder.

Pero buscar trabajo no era mi única preocupación en el momento, pues por mucha clase y curso de inglés que hubiera dado en el pasado, la práctica no tiene nada que ver con la teoría y para entonces yo no hablaba ni papa de inglés. Por supuesto, el idioma del diablo (holandés) para entonces no era ni una opción.

Tuvo que pasar aproximadamente una semana hasta que dejé de tener la sensación de que la cabeza iba a estallarme cuando llegaban las 8 de la tarde después de invertir toda mi atención en entender todo lo que oía. Y ya en la segunda semana creo que empecé a hablar.

¿Te imaginas? ¡Con lo que yo soy, señora! ¡Mantenerme sin decir ni pío una semana! Si al final aprendí inglés por salud. Por la salud de cualquiera que se acercara a mí y hablase español, claro, porque si no, pobrecito al que hubiera pillado…

Y por si eso no fuera suficiente, tenía que conseguir un trabajo y compartía habitación (que no cama, eh…) con 15 personas.

Si yo pude, tú también puedes hacerlo. Yo te explico cómo

Menudo pastel, eh… Una historia para contarle a mis nietos como diría mi amiga Aída.

Pero a ver, ¿cómo conseguí salir de esta? Pues resulta que cuando uno pasa mucho tiempo solo, tiene mucho tiempo para pensar y, teniendo en cuenta que el coco va a ser lo que te ayude a andar en una dirección u otra, es fundamental que esté enfocado en la dirección adecuada.