Así empezó todo

Recuerdo como si fuera ayer el día en que mis padres me dijeron, sentados en la terraza de mi casa, que habían pensado que sería bueno para mí irme una temporadita al extranjero a estudiar inglés. A decir verdad, la idea de vivir en el extranjero siempre me había resultado atractiva y no era ningún secreto que hacía años que soñaba con pisar Australia, pero para entonces, que ya era toda una graduada universitaria a la que en su momento le rechazaron el Erasmus, sabía pensaba que aquello era algo fuera de mi alcance, un tren de esos que solo pasan una vez en la vida y al que yo, que estaba demasiado ocupada pensando en encontrar la forma en la que el mundo de la comunicación me diera una oportunidad en Madrid, la ciudad en la que había vivido los últimos más de cuatro años, la capital del país, el epicentro de la jet-set cinematográfica y de la televisión, y vamos,  el centro del mundo para mí, si me hubiera preguntado en aquel momento, no me había subido.

Ayyy, pero qué cortitos de miras somos a veces… No es culpa nuestra, sino de Cupido; pues cuando uno está enamorado no ve a más de un metro a la redonda y yo estaba enamorada de la comunicación y convencida de que, tarde o temprano, ella me encontraría. La oportunidad de mi vida se presentaría frente a mis narices y entonces lo habría conseguido. El problema era que… en aquel momento lo que no sabía era que para encontrar la oportunidad primero tenía que encontrarme a mí misma y que para ello tendría que irme un poquito más lejos que a un metro de distancia…

En aquel momento lo que no sabía era que para encontrar la oportunidad primero tenía que encontrarme a mí misma.png

Para entonces sobrevivía dando clases de repaso de la asignatura que más se me había resistido en la vida y cogiendo cualquier trabajillo puntual que pudiera darme algo de cash. Ya sabes, mientras la oportunidad de mi vida encontraba el camino hasta mi puerta para venir a solucionarme la vida: durante aquel tiempo, menos traficar con drogas, hice de todo; trabajé de camarera, de correctora, de expositora en una feria de minerales, de asistente de producción en una empresa en la que terminé ordenando la apasionante carpeta de fotografías personales de mi jefe, daba clases de repaso, hacía de canguro, exploré el mundo de los monólogos y hasta formé parte de una coral para cantar y tocar la guitarra en una boda. Verídico.

Así que te podrás imaginar, una situación boyante la mía…

Y al parecer, mi querida oportunidad no se aclaraba con el mapa o estaría trasnochada e inconsciente en algún portal tras una noche loca de borrachera… Vete tú a saber. El caso era que no llegaba y yo… tenía que tomar una decisión. Y eso fue exactamente lo que hice; me metí en Skyscanner (más adelante os contaré los trucos que yo utilizo para encontrar siempre los precios más bajos utilizando esta plataforma), busqué el billete más barato para la próxima semana con destino a Los Países Bajos con los que me sentía identificada dado mi metro y medio de estatura y así fue cómo me convertí en Expat.

así

Y empecé a poner mi mundo patas arriba, porque te dicen eso de que para encontrarse, primero hay que perderse, lo que nadie te cuenta es cómo es mientras estás perdido. Nadie te explica, por ejemplo, cómo aprender a andar a los veinti, treinta o cuarenta y tantos.